En un mundo de cambio climático, los huracanes y otros fenómenos extremos empiezan a ser la norma. Y no estamos preparados para el futuro.
Por Sharon Begley
Joplin, en Missouri, estaba lista.
Joplin, en Missouri, estaba lista.
El sistema de alarma para tornados dio aviso con 24 minutos de anticipación. Médicos y enfermeras del Centro Médico Regional St. John, adiestrados durante años con simulaciones de emergencias climáticas, alejaron a los pacientes de las ventanas, cerraron persianas y activaron los generadores eléctricos.
Y no obstante, hubo más de 130 muertes en Joplin, incluyendo a cuatro personas del hospital —donde el tornado arrancó el techo y dejó el edificio en ruinas, como hizo en gran parte del resto de la devastada ciudad.
Hasta quienes niegan la existencia del cambio climático global son incapaces de ignorar las contundentes evidencias de este año.
Hasta quienes niegan la existencia del cambio climático global son incapaces de ignorar las contundentes evidencias de este año.
Sólo en el territorio continental de Estados Unidos se registraron cerca de mil tornados, que segaron las vidas de más de 500 individuos y provocaron daños por US$ 9.000 millones.
El Medio Oeste estadounidense vivió el mes de abril más tormentoso en 116 años cuando las aguas del Misisipi se desbordaron e inundaron miles de kilómetros cuadrados mientras que, el mismo mes, la árida Texas padeció la sequía más aguda registrada en un siglo.
La letanía de extremos climáticos en todo el orbe alcanzó proporciones bíblicas.
En 2010, la ola de calor que asoló Rusia mató a alrededor de 15.000 personas; en Australia y Pakistán, las inundaciones causaron dos mil muertes y dejaron bajo el agua grandes extensiones de ambos países; en China, una sequía de varios meses destruyó millones de hectáreas de tierras agrícolas.
Y la temperatura sigue aumentando: 2010 fue el año más caluroso que se haya registrado en los anales de la historia.
La realidad es espeluznante. Desapareció el clima estable que tuvimos durante 12.000 años, lo que significa que todavía no vimos lo peor. Y no estamos preparados.
Alguna vez, la idea de adaptarnos al cambio climático fue un concepto tabú. Científicos y activistas temían que cualquier propuesta para hacer frente al fenómeno sofocaría la lucha por reducir las emisiones de dióxido de carbono; por su parte, los detractores del cambio climático argumentaban que, como el calentamiento global era un "engaño", no hacía falta desarrollar esquemas de adaptación.
Alguna vez, la idea de adaptarnos al cambio climático fue un concepto tabú. Científicos y activistas temían que cualquier propuesta para hacer frente al fenómeno sofocaría la lucha por reducir las emisiones de dióxido de carbono; por su parte, los detractores del cambio climático argumentaban que, como el calentamiento global era un "engaño", no hacía falta desarrollar esquemas de adaptación.
"Desde el principio, la propuesta de adaptarnos al cambio climático fue un fracaso, porque la Administración Bush se negaba a tocar el tema", lamenta Vicki Arroyo, directora ejecutiva del Centro Climático de Georgetown.
"La presidencia de Bush fue un desastre, pero la de Obama no logró casi nada debido, en parte, a que el Partido Demócrata también se resiste a abordar el problema", acusa por su parte el economista Jeffrey Sachs, director del Earth Institute de la Universidad de Columbia.
"Ya pasamos el punto crítico".
Los especialistas improvisados se las verán negras para entender las complejidades del impacto del cambio climático.
Los especialistas improvisados se las verán negras para entender las complejidades del impacto del cambio climático.
La quema de combustibles fósiles elevó los niveles de dióxido de carbono atmosférico en un 40 por ciento respecto de las concentraciones existentes antes de la Revolución Industrial.
Al atrapar el calor en la atmósfera, ese gas ocasiona también que se retenga más humedad, la que eleva la energía del sistema y precipita condiciones climáticas más extremas y violentas.
Aunque la comunidad científica aún debate si el cambio climático precipitará tornados más intensos o frecuentes, el consenso general es que el incremento global de 1,11 °C, observado a lo largo del último siglo, ocasionó la elevación de los niveles marinos, huracanes más intensos, olas de calor más frecuentes y sequías/inundaciones más severas.
Y aunque el mundo entero abandonara el carbón mañana mismo, todavía habría una cuenta por pagar, debido a que el CO2 generado hasta ahora es suficiente para elevar el termómetro futuro en más de 2,77 °C.
En suma, hay que prepararnos.
"Ya no podemos afirmar que el clima futuro será como el de hoy, y mucho menos como el de ayer", puntualiza Judi Greenwald, vicepresidente del Departamento de Soluciones Innovadoras del Centro Pew sobre Cambio Climático Global.
"Nuestro estilo de vida debería modificarse radicalmente".
El cambio en la temperatura tendrá un efecto profundo en las plantas y animales que nos rodean. Los cultivos tendrán que adaptarse a nuevas plagas.
El cambio en la temperatura tendrá un efecto profundo en las plantas y animales que nos rodean. Los cultivos tendrán que adaptarse a nuevas plagas.
Enfermedades tropicales como la malaria, el dengue y la fiebre amarilla empiezan a presentarse en regiones templadas, mientras que la hiedra venenosa florecerá en el mundo-invernadero.
Pero la mayoría ignora qué implica adaptarse al cambio climático.
Pero la mayoría ignora qué implica adaptarse al cambio climático.
"Hace 10 años, cuando creíamos que el cambio climático sería lento, pensábamos que la ‘adaptación’ era cuestión de plantar árboles nativos de zonas más cálidas o usar pavimentos permeables" para absorber aguas de tormenta e impedir inundaciones, afirma Bill McKibben, autor de Eaarth (2010).
"Ahora que experimentamos dificultades para producir alimentos, aumenta la intensidad y cantidad de las tormentas, y la acelerada fusión de Groenlandia amenaza con incrementar el nivel del mar en casi dos metros cúbicos, nos damos cuenta de que nada es suficiente".
Los pronósticos para Estados Unidos pueden servir para graficar el impacto global -y la necesidad de respuestas-. McKibben presagia que, a medida que el clima cause estragos en la agricultura, decenas de miles de estadounidenses se verán obligados a trabajar directamente la tierra, dado que las manos pueden hacer lo que las máquinas no consiguen: sembrar en campos anegados.
Los pronósticos para Estados Unidos pueden servir para graficar el impacto global -y la necesidad de respuestas-. McKibben presagia que, a medida que el clima cause estragos en la agricultura, decenas de miles de estadounidenses se verán obligados a trabajar directamente la tierra, dado que las manos pueden hacer lo que las máquinas no consiguen: sembrar en campos anegados.
Hasta ahora, el imperativo agrícola ha sido maximizar la producción; en adelante, la estabilidad y resistencia serán mucho más importantes.
Los agricultores de gran parte del noreste del país ya no podrán cultivar manzanas, bayas y arándanos, y la obtención del jarabe de arce habrá de ceder el paso a los arados.
Ciudades y estados tendrán que realizar enormes inversiones en infraestructura para responder a la crecida del mar y los embravecidos ríos.
Ciudades y estados tendrán que realizar enormes inversiones en infraestructura para responder a la crecida del mar y los embravecidos ríos.
Nuevo Hampshire, es una pionera en la adaptación al cambio climático: hace poco, esa ciudad expandió el alcantarillado de sus autopistas para facilitar el escurrimiento de las aguas de tormenta.
En tanto, los planificadores de la Bahía de San Francisco están evaluando la posibilidad de elevar los diques marinos de la ciudad, así como en los aeropuertos de San Francisco y Oakland.
En Ventura, California, como parte de lo que se considera el primer experimento de "retroceso dirigido", equipos de construcción desplazaron el centro vacacional de Surfer’s Point casi 20 metros tierra adentro.
Y como el aire caliente entorpece el despegue, las pistas de aviación del mundo entero tendrán que prolongarse para que los aviones puedan remontar el vuelo.
En Norfolk, Virginia, donde la combinación de crecida marina y hundimiento de tierras ocasionó que el nivel de las aguas haya subido casi 35 centímetros desde 1930, la ciudad trató de combatir la inundación elevando 45 centímetros la superficie de una autopista que se anega a menudo.
No obstante, es muy posible que deban desalojar la localidad, y muchos de sus residentes no estarán mejor en la vecina Maryland, donde el incremento anticipado del nivel marino (más del doble del promedio global) amenaza con transformar en canales más de 600 kilómetros de autopista, en tanto que 2.500 sitios históricos y arqueológicos terminarán convertidos en versiones reales de la Atlántida. Miles de sistemas cloacales (5.200 en un solo condado vecino a la Bahía de Chesapeake) se encuentran en zonas de inundación.
Hasta ahora, 13 islas de esa bahía ya se encuentran bajo el agua, mientras que casi 161.000 hectáreas de la costa occidental están a punto de sumarse a las 235 hectáreas del litoral que se pierden cada año con las violentas tormentas que erosionan sus playas y humedales.
Hasta ahora, 13 islas de esa bahía ya se encuentran bajo el agua, mientras que casi 161.000 hectáreas de la costa occidental están a punto de sumarse a las 235 hectáreas del litoral que se pierden cada año con las violentas tormentas que erosionan sus playas y humedales.
En consecuencia, los propietarios de viviendas ya no pueden obtener permisos automáticos para "endurecer" sus playas con mamparas y diques, y ahora deben sembrar vegetación que, muchas veces, resulta insuficiente.
"Es inevitable que debamos reubicar o abandonar algunas de nuestras comunidades de tierras bajas", revela Zoe Johnson, del Departamento de Recursos Naturales de Maryland.
El científico ambiental Thomas Wilbanks, del Laboratorio Nacional de Oake Ridge y presidente del panel 2011 sobre adaptación al cambio climático en el Consejo Nacional de Investigación (NCR) de la Academia de Ciencias de EE. UU., ha dicho:
El científico ambiental Thomas Wilbanks, del Laboratorio Nacional de Oake Ridge y presidente del panel 2011 sobre adaptación al cambio climático en el Consejo Nacional de Investigación (NCR) de la Academia de Ciencias de EE. UU., ha dicho:
"Tendremos que identificar lugares con valor icónico y protegerlos al precio que sea, aun cuando Miami y Nueva Orleans tengan que convertirse en islas".
Dado que Manhattan es, de hecho, una isla, los arquitectos que visualizan su futuro diseñaron canales de estilo veneciano en el extremo sur.
Seis aldeas indígenas de la costa de Alaska, incluidas Newtok y Shishamref, serán anegadas por la crecida del mar y las crecientes tormentas, informa Gary Kofinas, de la Universidad Fairbanks de Alaska.
Seis aldeas indígenas de la costa de Alaska, incluidas Newtok y Shishamref, serán anegadas por la crecida del mar y las crecientes tormentas, informa Gary Kofinas, de la Universidad Fairbanks de Alaska.
Además, las viviendas se levantan sobre un permafrost (capa de hielo congelado de forma permanente en la superficie del suelo) que empieza a derretirse, por lo que el estado trata de encontrar la forma y el sitio adonde reubicar las poblaciones.
Casi mil millones de personas de todo el mundo, desde Guangzhou hasta Nueva Orleans, viven en deltas fluviales de baja altitud que, reclamados por el mar, obligarán a decenas de millones de habitantes a migrar a otras regiones.
Esta situación amenaza con ser una epopeya de sufrimiento humano que, en comparación, hará que el éxodo provocado por el huracán Katrina parezca un paseo de fin de semana.
Estados Unidos debería escuchar los consejos de países como Holanda, más experimentados en la tarea de mantener el mar a raya.
Estados Unidos debería escuchar los consejos de países como Holanda, más experimentados en la tarea de mantener el mar a raya.
Como parte de un programa a 200 años, el Gobierno de los Países Bajos lanzó un proyecto de 1.500 millones de euros para ensanchar los canales fluviales de la nación y evitar que se desborden por la creciente marea, informa el climatólogo Pier Vellinga, de la Universidad de Wageningen. Rotterdam elevó 60 centímetros una compuerta de tormenta portuaria que contiene al (creciente) Mar del Norte, y también incrementó en casi 45 centímetros el suelo de un flamante puerto de 278 hectáreas para impedir su inundación.
El país también está añadiendo millones de metros cúbicos de arena a las dunas que contienen el Mar del Norte.
En resumidas cuentas, muy pronto terminará gastando alrededor de cuatro mil millones de euros anuales para responder a las aguas que lo amenazan.
Gran Bretaña también está tomando en serio la adaptación, planificando elevar casi 40 centímetros la altura de las esclusas que impiden la entrada del Támesis en el corazón de Londres.
¿En qué radica la resistencia de Estados Unidos y otros países a tomar medidas? El economista Sachs apunta hacia el poder de los lobbies industriales que se resisten a reconocer el impacto del cambio climático.
¿En qué radica la resistencia de Estados Unidos y otros países a tomar medidas? El economista Sachs apunta hacia el poder de los lobbies industriales que se resisten a reconocer el impacto del cambio climático.
"El país demoró dos décadas en actuar porque los dos partidos son esclavos de las empresas petroleras y del carbón", acusa Sachs.
"Y los medios están plagados de mentiras climáticas financiadas por las corporaciones", advierte.
No obstante, la vanguardia de la acción empieza a abandonar el letargo, y autoridades de unas 100 ciudades se reunieron en Bonn, Alemania, para el segundo Congreso Mundial de Ciudades y Adaptación al Cambio Climático
Los organizadores anunciaron que ya son 188 las urbes firmantes de un pacto que las compromete, entre otras medidas, a implementar programas de adaptación al clima. Representan en conjunto más de 300 millones de habitantes.
Daniel Sarwitz, profesor de ciencia y sociedad en la Universidad Estadual de Arizona, enfatiza:
"No adaptarse es condenar a millones de personas a la muerte y el sufrimiento".
elargentino.com
Newsweek

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