
En un mundo preocupado por el cambio climático, la industria de base forestal ofrece productos provenientes de materia prima renovable, producidos con un bajo consumo relativo de energía, reciclable y carbono neutral.
Con las perspectivas de restricción energética, el sector forestal ofrece una solución de energía renovable que provee además, una fuente de empleos en las regiones más pobres del mundo.
Estas son partes de las conclusiones de la reunión anual -celebrada recientemente en Canadá- del Comité Asesor en Industrias de Papel y Madera de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en ingles), conformado por 25 expertos internacionales y al cual participé en representación de la Argentina.
El objetivo del Comité es asesorar a la FAO en políticas de promoción del desarrollo sostenible de la forestación y la foresto-industria en el mundo.
La agenda incluyó diversos temas estratégicos de la forestación, que es parte de la agenda para un futuro sostenible mundial.
Los bosques y sus productos derivados constituyen un gran potencial para la mitigación del cambio climático ya que combaten la desertificación, actúan como sumidero de carbono y su manejo sostenible es clave para mejorar los medios de subsistencia y aliviar la pobreza.
En este sentido, se analizó la contribución de la industria forestal para un mundo que requiere una economía baja en emisiones de carbono.
Se resaltó que la medición de la huella de carbono en los productos es una medida en expansión en todo el mundo y se espera que los consumidores responsables valoricen cada vez más este atributo de los productos al momento de la compra. Los productos de base forestal tienen una gran oportunidad en ese escenario.
Círculo virtuosoPor ello, el desarrollo foresto-industrial puede crear un círculo virtuoso en un mundo con problemas de pobreza y restricciones ambientales y climáticas al momento de pensar en alternativas de desarrollo.
La Argentina está en una de las regiones del mundo con mayores ventajas para la expansión de bosques de cultivo.
En las sesiones del encuentro se remarcó el gran potencial foresto-industrial que posee con 1,2 millones de hectáreas plantadas y con potencial de alcanzar 5 millones.
El stock de madera disponible es de casi 20 millones de metros cúbicos anuales y sólo se industrializa el 50% del mismo.
A pesar de esto, la balanza comercial del país está en rojo. Las exportaciones ascienden a unos mil millones de dólares y las importaciones superan los 1500 millones, lo que implica un déficit de alrededor de 500 millones de dólares.
La agenda para el desarrollo sostenible es amplia.
Me gustaría remarcar algunos logros y aspectos positivos del sector en el país.
La Argentina planta más de 40 millones de árboles al año y más del 40% de la superficie plantada está certificada por alguna norma ambiental o de gestión sostenible.
El país ya tiene su propia norma de certificación forestal por gestión sostenible homologable internacionalmente (Cerfoar) que puede ser herramienta para incorporar a los pequeños productores forestales, las provincias avanzan en los sistemas de ordenamiento de bosques nativos, y contamos con un sistema de certificación y formación continua de los trabajadores forestales y de la madera que permiten empleos más seguros y de mayor calidad.
Se está avanzando en herramientas para la sostenibilidad ambiental y social. Se puede crecer generando miles de puestos de trabajo en zonas rezagadas del país con un desarrollo que es compatible con la sostenibilidad de los recursos y la inclusión social.
Para ello es necesario articular esfuerzos públicos y privados para captar inversiones por más de US$ 4000 millones y seguir avanzando para lograr lo que es nuestro objetivo: una agroindustria sostenible para un consumidor responsable.
Jose Urtubey
El autor es miembro del Comité Asesor en productos de Papel y Madera de la FAO

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