lunes 13 de junio de 2011

Cenizas en el paraíso


Cuando el complejo volcánico Puyehue Cordón Caulle dio aviso de su erupción a los habitantes de San Carlos de Bariloche, Villa La Angostura, San Martín de los Andes y alrededores, la cotidianeidad de los más de 170 mil habitantes de esta zona cordillerana pasó a estar dominada por una persistente lluvia de arena volcánica que modificó drásticamente este paisaje andino casi hasta ensombrecerlo del todo.

Así fue como el latido volcánico modificó las percepciones y la Patagonia pasó a parecerse más a un desierto grisáceo de cenizas que a una zona identificada por sus montañas y nieves blancas.

La madrugada del martes 7 de junio se anunciaba sombría con la llegada de una nube de cenizas volcánicas que pasaría por sobre el sur de la provincia de Buenos Aires.

Con la mayoría de los aeropuertos locales cerrados y las cenizas inundando la región, la alerta aeronáutica no se hizo esperar y la suspensión de los vuelos comerciales locales se extendió también sobre algunos aeropuertos de Brasil, Chile, Bolivia y Uruguay.

“La nube de cenizas se desplaza dentro de las predicciones a una altura que ronda los 12 mil metros en dirección sudoeste-noroeste”, sostuvo el Comité de Crisis compuesto por la Secretaría de Transporte, los responsables del Servicio Meteorológico, la Administración Nacional de Aviación Civil y el Organismo Regulador del Sistema Nacional de Aeropuertos, de Aerolíneas Argentinas y de YPF.

Pero la nube piroplástica –como la denominan los especialistas– pasó de largo por toda la región central del país. Aunque aún –dicen algunos– pueda volver.

La naturaleza es impredecible. La erupción o extinción de un volcán también.

De acuerdo con la mirada de los especialistas, la zona afectada por la ceniza continuará aislada por lo menos hasta el 21 de junio, cuando volverían a abrir los aeropuertos.

Aunque nadie se anima a negar que el Puyehue se pueda volver a manifestar con nuevas erupciones y más nubes de cenizas.

Veintitrés dialogó con el doctor en Geología Daniel Gregori, profesor asociado de la Universidad Nacional del Sur con sede en Bahía Blanca e investigador del Conicet, acerca de las derivaciones que pueden tener estos procesos naturales que se vienen manifestando sobre ambos lados de la Cordillera de los Andes, en Chile y la Argentina.

“Este tipo de erupciones mantienen una clara relación con todo el arco volcánico de la cordillera. Que compone un sistema de volcanes activos, a pesar de que algunos puedan parecer dormidos o extinguidos”, explica Gregori.

“La relación con el Pacífico se debe a la cordillera oceánica de las profundidades que se van desplazando hacia el este y se hunden bajo el territorio chileno y la Cordillera de los Andes.

Esto genera un aumento de temperatura en la corteza inferior bajo la tierra donde hay rocas que se funden y ascienden.

Algunas llegan a la superficie, como en el caso de los volcanes, y otras se funden a altas temperaturas en las profundidades de la tierra, a cinco o diez kilómetros debajo de la superficie.”

–¿Estos procesos suponen riesgos para la población?

–Las piedras que están fundidas, latentes, pueden episódicamente subir por los conductos de los volcanes.

Entonces en un lapso de 100, 1.000 o 1.500 años tenemos una erupción como las de este tipo.

La corteza del Pacífico se está moviendo unos 8 centímetros por año bajo todo Chile, la cordillera y buena parte de Sudamérica.

Está interactuando permanentemente bajo todo el borde oeste del Pacífico.

Cuando alcanza una determinada profundidad a cierta temperatura forma el magma, que luego vemos como lava. Ahora vemos este tipo de erupción, pero funciona así desde hace millones de años.

Esta es su génesis principal.

–¿Hay formas de predecir las erupciones?

–Lamentablemente, no.
El problema es que son muy variables, por lo que no existe posibilidad alguna de predecirlas. No hay manera de evaluar.

Esta erupción va a terminar cuando la presión de gases que hay en las profundidades se libere.

Esa roca fundida que está debajo tiene anhídrido carbónico, agua vaporizada y cantidades ínfimas de gases que emanan olor, como el azufre, el cloro y el fluor, pero que no llegan al uno por ciento: los habitantes no corren riesgo alguno.

Las partículas de ceniza que bañaron la zona sur del país son una composición ácida de rocas que tienen mucho sílice, potasio, sodio y aluminio.

La composición de las cenizas en general es común a la de todas las lavas que aparecen en este tipo de volcanes.

Por ejemplo, las del volcán Hudson, que hizo erupción en 1991 y cubrió de ceniza el sur de Chile y la provincia de Santa Cruz durante cuatro meses, tenían hasta un 75 por ciento de sílice.

La situación ambiental al cierre de esta edición seguía siendo muy delicada en Villa La Angostura, distante 40 kilómetros en línea recta al volcán Puyehue, y también en las comunidades mapuches, visiblemente afectadas por las consecuencias que las cenizas provocan sobre el ganado ovino al momento de alimentarse.

Los especialistas no dudaron en remarcar la dependencia que hay sobre los vientos para que la situación se torne más favorable.

“La magnitud de la erupción se está desgasificando rápidamente, eso quiere decir que no se va extender más de algunos días”, se animó a pronosticar el geólogo Gregori.

La realidad geológica del planeta dice que hay una reactivación del “Cinturón o Anillo de Fuego” del Pacífico pasando por Canadá, Estados Unidos, Alaska y que se extiende hasta Japón, Filipinas y Nueva Zelanda hasta llegar a la península de Kamchatka en Rusia. Este movimiento es continuo.

Y si bien los plazos se miden en miles y hasta millones de años, que la Cordillera de los Andes esté aún en formación permite la intensa actividad sísmica (por el roce entre las inmensas placas) y volcánica, por la presión y liberación del magma a través de las fracturas del suelo.

Lo que explica la existencia de los casi cuarenta volcanes en actividad ubicados en territorio argentino-chileno.

Los volcanes están distribuidos en tres áreas: la que va desde el sudoeste de Jujuy hasta el norte de La Rioja, la comprendida entre Mendoza y Neuquén y la tercera al sur, en los límites de Santa Cruz.

veintitres.elargentino.com